Javier Milei: por qué arrasa, ¿genio o loco?
Javier Milei: por qué arrasa, ¿genio o loco?
30 de
agosto de 2023 - 17:25
Laura Di Marco
PARA LA NACION
En la
cocina comedor de su casa, en el barrio privado Valle Claro, de Benavídez,
Javier Milei tiene una heladera especial
destinada a acopiar latas del energizante Monster, una bebida común entre los
jóvenes, sus votantes. Mango Loco es su sabor preferido. “Voy a pedir que me
auspicien”, suele decir, en broma.
Jóvenes
y pobres –los excluidos del sistema– fueron quienes definieron el resultado de
las últimas primarias.
¿Definieron el resultado o se vengaron de quienes perciben como sus
victimarios? Digamos todo: la Argentina es un yacimiento de liderazgos
exóticos. De hecho, Milei genera tanta atracción en la prensa del exterior
como, en su momento, generaban Cristina Kirchner y sus hijos políticos, La Cámpora. La “mileimanía”, ensaya el consultor Federico González, es una
experiencia más religiosa que política. Y un producto típico del siglo XXI.
Se trata
de un fenómeno inasible para quienes pretendan capturarlo con ojos del siglo
XX. Primero
porque es emocional, no racional. No importa lo que Milei diga; sus fans no lo
escuchan. Podríamos decir que lo sienten. ¿Y qué sienten? “No lo votan por
liberal o por ser de derecha, sino porque grita”, aporta Jaime Durán Barba,
acaso el analista que mejor supo captar la crisis de representación política y
la moda de los outsiders en las democracias occidentales.
Por eso
los casilleros clásicos de la política, como izquierda o derecha, tropiezan con
esa enorme dificultad: la
habilidad de poder leerlo a la luz de un mundo que ha cambiado de un modo
radical, a caballo de la revolución tecnológica.
Como
afirmaba Natalio Botana en una entrevista reciente con La Nación: “Si uno revisa la historia de la Revolución Industrial
ve que, cuando se producen estos impactos tecnológicos, siempre hay desajustes
muy profundos en el plano social. Eso es lo que vieron en la primera revolución
industrial los primeros pensadores socialistas y liberales; lo que vio un John Stuart Mill y lo que vio un Karl Marx”. Marx afirmaba que cuando una sociedad
cambia su modo de producir bienes también cambian las formas de la política.
Primer
desacople. Mientras Milei produce miedo y preocupación en el círculo rojo –ese
mix de factores de poder y élites ultrainformadas–, entre sus votantes
“comunes”, por decirlo de algún modo, solo genera esperanza. La información
surge de los focus groups realizados luego de las primarias.
El libertario es el vehículo más apto que han encontrado los excluidos y un
sector de las clases medias, con altos niveles de hartazgo en sangre, para
desmontar el armazón de la Argentina corporativa que configuró el propio
peronismo. Sus fans, claro, no la llaman así, aunque sí sienten sus efectos.
Vamos a
un focus group realizado en Córdoba, la provincia que le dio
el triunfo a Macri en 2015. Una chica de 26 años, madre de una nena de 10,
explica su voto al libertario: “Trabajo en blanco, estudié y me recibí aun
siendo madre adolescente y no puedo siquiera soñar con comprarme una casa.
Mientras, veo cómo les regalan terrenos a los que no trabajan. Terrenos que,
encima, termino pagando con mis impuestos y a los que no puedo acceder por
tener un trabajo formal”. La Argentina necesita un cambio de raíz, dice. Lo que
terminó de convencer a esta joven mamá de clase media baja fue el crimen de Morena, en Lanús.
Está
claro que el peronismo perdió, hace rato, el monopolio de la representación
política de los sectores populares,
pero lo verdaderamente anacrónico es el análisis que hace el propio
kirchnerismo sobre la mileimanía, un fenómeno que claramente ayudó a incubar.
Para los “hijos” de Cristina, en cambio, Milei es una avanzada “antiderechos”
creada por los “medios hegemónicos”. No hay peor ciego que el que no quiere
ver.
El
propio Milei describió en el Council de las Américas a los enemigos de su
batalla cultural (y los
de sus votantes): empresarios prebendarios, políticos de la “casta” que viven
de la teta del Estado y que regalan lo que no es de ellos, medios de
comunicación tradicionales, burocracia sindical e intelectuales a los que
definió como “operadores del poder”. El rechazo mileísta pareciera abarcar a todo
aquello que configuró la cultura política del siglo XX.
Milei
está obsesionado con la muerte. Es un temor que lo persigue desde siempre. Tal
vez por eso explora la posibilidad de la inmortalidad física. Uno de sus libros
de cabecera, apoyado sobre la mesa del living de su chalet de dos plantas,
es La muerte de la muerte, de José Luis Cordeiro y David Wood. En
su portada, los autores se preguntan: ¿será la muerte, en apenas unas décadas,
algo opcional?
¿Expresa
el libertario la muerte de un sistema o solo estamos ante una anomalía, un
paréntesis fruto
de la profunda crisis que atravesamos? Meses atrás, el líder de un grupo
empresario invitó al libertario a sus oficinas para conocer sus ideas. Quería
saber, por ejemplo, cómo pensaba resolver el problema de los piquetes en CABA.
“Eso es muy fácil”, soltó Milei. Pero ¿cómo?, insistió el empresario. Y la
respuesta que obtuvo lo dejó atónito: “Con la Policía de la Ciudad, claramente
no –subrayó Milei–. Pero ya hablé con la CIA y el Mossad; ellos lo van a resolver”.
El
coqueteo con Massa y sus empresarios amigos ¿es real? Lo comprobable es que hay
candidatos massistas en
las listas de La Libertad Avanza. De hecho, no sería la primera vez que el
peronismo financia armados para dañar al “enemigo” que luego se le terminan
yendo de las manos.
Pero más
que a Massa habría que mirar a Macri, si Milei llegara a salir victorioso. De eso, gran parte de los radicales y los “lilitos”,
que hoy apoyan a Patricia Bullrich, están completamente seguros.
Los que
fuman debajo del agua observan un detalle en la escena argentina que, para
muchos, resulta inquietante. Los
bonos soberanos de largo plazo están en alza. “Es decir que alguien está viendo
algo bueno”, tercia un empresario que estuvo presente en la última reunión del
Council de las Américas. Lo “bueno” podría ser que los tres principales
candidatos presidenciales son promercado. Y que ninguno de ellos tiene dudas
acerca del capitalismo.
Pero en
el círculo rojo económico van más allá. En esas aguas circula otra versión: el factor Macri, detrás de Milei. El rol
de “contención al disparate” que podría ejercitar el expresidente sobre el
líder libertario, si finalmente gana. Una contención similar a la que ejerció
el Partido Republicano sobre el incontrolable Donald Trump, con chances de
volver al poder.
Afirma
un importante dirigente radical: “A Macri no le disgustaría para nada que gane
Milei y,
seguramente si eso sucede, una parte de Pro se iría con él para sostenerlo. Eso
sí: Juntos por el Cambio explotaría por el aire”. En este esquema, analiza, una
parte de la coalición opositora se iría con el libertario y la otra, con
Horacio Rodríguez Larreta y Sergio Massa. Una eventual derrota también partiría
al radicalismo. Un panorama a futuro, que pone en valor la histórica afinidad entre
el ministro de Economía y Gerardo Morales.
En plena
campaña, un periodista que entrevistaba al libertario se atrevió a preguntarle:
“Dicen que estás loco, ¿es
cierto?”. Milei, al que le suele saltar la térmica cuando una pregunta no le
gusta, esta vez recogió el guante: “La diferencia entre un genio y un loco es
el éxito”.
Por Laura Di Marco
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